El espacio público digital

Propuesta para corresponsalía del blog de la Fundación Arquia

Date / Fecha: 2018

Author / Autor: José Ignacio Rejas

Collaborators / Colaboradores: 

Es muy fácil imaginar una tienda en internet. O un periódico, una enciclopedia, una televisión o una pantalla de cine. Imaginar un ayuntamiento o un ministerio es más complicado, pero sigue siendo fácil. Lo que es más difícil es imaginar una plaza, una avenida o un parque en internet. Pero ahí están. O ahí estarán.
El concepto de espacio público admite definiciones muy diversas y todas ellas ciertas en algún grado. Podemos sentir un espacio público en una calle, pero también en un concierto, en un colegio, en un tren, en una manifestación o en la habitación de un hotel por horas. Podemos tener conciencia de espacio público en lugares que no son los canónicos. De hecho, podemos experimentar el espacio público en sitios “no físicos”, no palpables, a los que alguien podría tener la tentación de denominar como “no espacios”, pero que ciertamente tiene cualidades espaciales y relacionales, que son las que dan esa experiencia. Una red social donde se pueden publicar fotos es espacio público y una app de participación ciudadana también lo es. Internet es el caso más interesante hoy en día de campo generador de espacio público. Internet no entendido como soporte o nube a la que nos conectamos y desconectamos, sino como medio ambiente en el que desarrollamos gran parte de nuestras vidas.
En este contexto, las tecnologías de la información y las comunicaciones, las TIC, han dado lugar a nuevos campos de acción dentro de la red, originando espacios de reunión y socialización que antes no podíamos imaginar. Estos espacios han ido surgiendo después de que los usuarios hayamos empezado a tener una conciencia digital y una necesidad de reunirnos y compartir de forma online.
Los presentes usuarios y futuros ciudadanos digitales estamos creando nuevas identidades digitales paralelas a las analógicas, en algunos casos incluso llegando a confundir las fronteras que las separan. Replicamos nuestras acciones y los comportamientos que tenemos en el espacio físico y los trasladamos a la esfera digital.
Dentro de estos nuevos espacios digitales en los que nos desenvolvemos con mayor o menor soltura se están creando zonas de intercambio y relación, en muchos casos en clara semejanza a sus homólogos físicos. El espacio digital está adoptando prácticas propias del espacio físico, tales como plazas, mercados o ayuntamientos, entendidos como lugares de socialización, intercambio o relación. Todavía nos resulta difícil definir estos “lugares digitales”, pues son en apariencia algo nuevo, pero podemos ver esos vínculos vivenciales entre los usuarios que crean comunidad. Vínculos que pueden llegar a ser muy fuertes, a pesar de producirse a través de un teléfono móvil o un ordenador.
Esto abre un gran espectro de asuntos que son increíblemente interesantes para los arquitectos, pues están estrechamente relacionados con la definición de las nuevas realidades urbanas, tanto físicas como digitales. Detectar dinámicas en la red, sacar patrones y conclusiones es imprescindible para posicionarnos ante este nuevo frente de posibilidades.

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